Muy a menudo las versiones teatrales de "Don Quijote" simplifican esta gran obra literaria hasta el extremo de desacreditar al "Caballero de la Triste Figura" y a su leal escudero Sancho Panza. A diferencia de ello, esta nueva
adaptación explora la profundidad y trascendencia. El director artístico, Paul Stebbings, ha decido centrarse en el humor inteligente como una forma de esclarecer los dilemas de la condición humana. Es un viaje frenético y maravilloso hasta las soleadas mesetas de la España renacentista. Allí nada es lo que parece y, sin embargo, la verdad, la tolerancia y
la dignidad humana triunfan sobre los prejuicios, las supersticiones y la codicia.
Los profundos y conmovedores temas de esta colosal obra son llevados a escena de forma dinámica y entretenida. "Casi como una montaña rusa de aventuras, de batallas, de viejos y nuevos amores, de artimañas y traiciones así como de lealtad. El estilo teatral del montaje procura un ritmo vertiginoso y más expresivo que el del mismo libro. La acción es realzada a través de una partitura musical especialmente compuesta para el espectáculo, gracias al talento de su Director Musical, Paul Flush.
La interminable riqueza de Don Quijote esta en su habilidad para cuestionar la condición humana en su totalidad, en exponer nuestra propia locura y sugerir que en nuestro deseo por crear
fantasía somos nobles. De esta manera, así como la aldea de Don Quijote no tiene nombre y con ello se convierte en todas las aldeas, así todos nosotros somos Don Quijote y Sancho Panza: despojados de nuestros propios sueños
tendríamos muy poco por qué vivir en esta dura vida. Todos "luchamos contra molinos" y quizás esto no sea algo tan malo.